lunes, 12 de agosto de 2013

Diego Milito, el goleador silencioso.


Existe una raza de delanteros extrañamente alejada al ideal de ídolo futbolístico que suelen representar este tipo de jugadores, no les acompaña el aura de la fama, ni marcan tendencia con sus peinados o su estilo de vida. Sus goles valen tanto o más que los de las grandes estrellas del fútbol mundial, pero no reciben el mismo reconocimiento. Uno de ellos es Diego Alberto Milito, al que nunca veremos celebrar sus goles con algún baile ni nada que se le parezca. Diego grita, corre, agita los brazos o se agarra la camiseta probando la elasticidad de la misma, ya sea el gol que culmine una remontada o el que cierre una goleada.

En España tuvimos la oportunidad de disfrutar de él gracias a que el Zaragoza se fijó en un delantero argentino que anotaba un gol cada dos partidos en la Serie B del fútbol italiano. Sus tantos sirvieron para que el Genoa finalizase la temporada 2004-2005 como primer clasificado, pero el amaño del último encuentro del curso supuso el descenso del conjunto de Liguria a la Serie C1. Fue entonces cuando desde la capital aragonesa su pusieron manos a la obra para reunir en el mismo equipo a dos hermanos que por primera vez podían sentirse como tal dentro del césped. Porque la historia de Diego y Gaby Milito es un fiel reflejo de lo que significa el fútbol para el mundo en general, y en Argentina en particular. “Ni siquiera podíamos jugar juntos en los partidos con los amigos”, explica Diego. “Sólo podíamos estar uno enfrente del otro porque así nos enfadábamos menos”, concluye Gaby.

milito

¿Puede un hermano mayor pedir la expulsión del pequeño durante un partido? Por supuesto. Del mismo modo que el segundo puede responder al primero acordándose de la persona que dio a luz a ambos. Parece surrealista, pero es algo sucede cuando el vástago menor de la familia (Gaby) luce el brazalete de capitán de Independiente de Avellaneda, mientras que el primogénito es una referencia dentro de Racing. “Hasta el árbitro se reía. Fue como una discusión de casa, con amigos”, trata de explicar.

Con apenas 9 años, gracias a que un primo le insistió en que probase, el mayor de los Milito ingresó en uno de los clubes más grandes de Argentina, donde poco a poco fue quemando etapas hasta debutar con la camiseta de Racing de Avellaneda. Con Diego en la plantilla La Academia salió campeón del Apertura 2001, 35 años después del último título. Justo cuando comenzaba a despuntar como goleador (en aquella época no ocupaba la posición de delantero centro), el Genoa decidió ficharlo.

Llegó al club más antiguo de cuantos se tiene constancia en Italia, un equipo típicamente ascensor cuyo último título data de la década de los años 30. El Luigi Ferraris había encontrado a su príncipe. Fue apenas una temporada y media lo que duró el idilio entre la hinchada del conjunto rossoblu y el delantero, suficientes para que el día de su marcha a causa del ya mencionado caso de corrupción, una espina se clavase en el corazón de Milito: “Tuve que irme por la puerta de atrás. Por eso cuando tuve la oportunidad de regresar no lo dudé, tenía que devolver al Genoa todo lo que me había dado”.

A Zaragoza llegaba el hermano de Gaby. Poco se sabía de un jugador que llegaba de la segunda división del fútbol italiano. A base de goles, 15 en total (más que Ronaldo o Fernando Torres), volvía a ganarse un hueco en el corazón de otra hinchada. Por si fuera poco, se convirtió en el

verdugo del Real Madrid en la ida de la semifinal de la Copa del Rey. Cuatro veces tuvo que sacar Casillas de su portería los balones que Milito enviaba al fondo de la red, a los que se sumaron otros 2 de Ewerthon. Al año siguiente sólo Van Nistelrooy marcó más goles que él en Liga, mientras que en su último año en Zaragoza volvió a anotar otros 15 tantos, lo que no evitó el descenso. En España los grandes equipos tenían a sus respectivos goleadores, pero en el resto de Europa pasaron inadvertidas sus cifras (produciéndose fichajes como el de Jo Alves por el Manchester City, que pagó 20 millones de euros, o el de Berbatov por el Manchester United, que costó 45). El Genoa llamó de nuevo a su puerta.

De vuelta al Luigi Ferraris, Milito volvió a rendir, como hizo siempre. Sus 24 goles, más de la mitad de los que logró el conjunto ligur aquella temporada, permitieron al Genoa alcanzar la quinta posición, quedándose fuera de la Champions League por la diferencia de goles con la Fiorentina. Sólo entonces un equipo grande apostó firmemente por él. Fue el Inter, quien a petición de Mourinho pagó 25 millones de euros para situarle junto a Eto’o al frente del ataque nerazzurro.

Si alguien hubiera escrito un guión acerca de la temporada, no hubiera podido mejorar lo que le deparaba el futuro a Diego Milito. Sus 30 goles en total fueron claves para que el Inter se alzasecon el Scudetto y la Coppa Italia, con sendas actuaciones estelares del argentino: en el último partido de liga un gol suyo valió para vencer al Siena por 0-1, lo mismo que ocurrió frente a la Lazio en al final de Coppa.

Todo esto habría bastado para que hubiera quedado en la memoria de cualquier aficionado del conjunto lombardo. Pero aún había que cerrar el círculo. El 22 de mayo de 2010 sus dos goles en la final de la Champions devolvían al Inter al centro del panorama mundial del fútbol tras 45 años en la sombra. Primero, en el minuto 35, peinó un saque largo de Julio Cesar, dejó atrás por velocidad a Demichelis y justo cuando Badstuber estaba a punto de arrebatarle el balón, batió a Butt por arriba. Con el Inter bien cerrado atrás, conteniendo las embestidas del Bayern, Sneijder cazó un balón en el centro del campo, cedió a Eto’o y éste hizo lo propio con Milito, al que le quedaban unos 35 metros por recorrer. El resto forma parte de la historia. El Príncipe arrancó con la pelota pegada al pie, encaró a Van Buyten en la frontal del área, le amagó hacia adentro, y cuando el belga había mordido el anzuelo hizo un cambio de ritmo que le dejó de nuevo solo frente a Butt. Acomodó el cuerpo y colocó el balón en el palo largo. Estalló entonces el fondo norte del Santiago Bernabéu. Milito abrió los brazos, corrió hacia el córner y agitó los brazos con la cara desencajada. La Champions viajaría hacia Milán.

diego

Al año siguiente, las lesiones le dejaron fuera casi tres meses en total, lo que sumado a la marcha de Mourinho supuso que el Inter apenas pudiera competir con el Milan, que lograría el Scudetto. Si conseguiría, en cambio, conquistar de nuevo la Coppa Italia. En la final la Roma  había logrado recortar distancias y el 2-1 se mantenía en el marcador del Olimpico de Roma. Volvió a aparecer entonces Milito, que 5 minutos antes había sustituido a Sneijder, para sentenciar el partido.

El pasado mes de enero, una lesión en la rodilla le mantuvo fuera del equipo durante un mes. Volvió de nuevo al Giuseppe Meazza, frente al Chievo, y al siguiente encuentro frente al Cluj, los tacos de su bota izquierda se quedaron clavados sobre el mismo césped que le ha visto celebrar más de 70 goles. La imagen resulta desgarradora para cualquier persona que observe

cómo su rodilla se torcía levemente hacia fuera. Rotura de ligamentos y varios meses en el dique seco. Suficientes para que más de un futbolista mayor de 30 años meditase la retirada.

Diego Milito cumplió 34 en junio, pero volverá a vestir la camiseta del Inter de Milán: “Mi objetivo es jugar contra la Juventus, a mediados de septiembre”. Moratti ha apostado por Belfodil e Icardi para acompañar a Palacio en la delantera. Por ello, Milito deberá ganarse el puesto, en silencio y a base de trabajo, como hizo siempre.

Tomado de Ignacio Paramio | @IgnParamio30  Vía: @pelotasenitalia https://pelotasenitalia.wordpress.com/2013/08/12/diego-milito-el-goleador-silencioso/